RACIONALISMO y modernidad

Descartes

Examen de Descartes resuelto (por Filobloguera, Mª José Collado)

Contexto cultural y filosófico.

El texto de vamos a analizar pertenece al Discurso del Método, obra en la que Descartes realiza una revisión del conocimiento científico para liberarlo de posibles intrusiones o falsedades. Nacido en 1596 Francia, René Descartes es considerado el primer pensador moderno.

En cuanto al contexto cultural del autor, el siglo XVII es el Siglo de Oro francés, una época de gran desarrollo cultural, social y político. La revolución cultural y humanista iniciada en el Renacimiento continúa imparable, gracias, entre otros factores, a la extensión de la imprenta y a que la nueva clase social, la burguesía consume masivamente cultura: literatura, teatro, pintura, arquitectura, etc. Sin embargo, el arte Barroco, a menudo considerado una degeneración del clasicismo renacentista, refleja una enorme mentalidad de contrastes. El descubrimiento de América había cambiado el concepto de mundo y de ser humano, produciendo efectos contrapuestos: prosperidad mercantilista frente a explotación y enfrentamientos. Incluso la relajación del sistema social e ideológico cristiano producía efectos adversos como cierta crisis religiosa o el enfrentamiento entre Católicos, Protestantes, Reformistas, etc.

En lo que respecta al contexto filosófico, y la ciencia en general, tras los cambios producidos en el Renacimiento, la Modernidad comienza con un gran ímpetu intelectual por el desarrollo y el progreso. La imprenta marca el comienzo de la mentalidad moderna: el interés por universalizar y extender el conocimiento. El propio Descartes es el primer pensador en escribir filosofía en lengua vernácula.

Ya hacía algún tiempo que Dios había dejado de ser el centro de la preocupación filosófica, como ocurría en la Edad Media, y esto había provocado los efectos contrarios antes mencionados. Por un lado la filosofía se beneficia del reencuentro con los grandes temas: el hombre y el conocimiento. Pero, por toro lado, la disputa de poder entre la ciencia y la Iglesia es cada vez más evidente. En un contexto de Reforma, Contrareforma y rupturas, la Iglesia no tolera las teorías de los autores de la “Nueva Ciencia” (la ejecución de Giordano Bruno, la condena a Galileo...). Algunos pensadores, para evitar enfrentamientos con la Iglesia, o bien posponen y suavizan las teorías metafísicas más materialistas y mecanicistas, como hace Descartes, o bien continúan esforzándose por mencionar a Dios en sus obras, a pesar, incluso, de las claras contradicciones o de lo "artificial" que resulte.

La mayoría de los grandes pensadores modernos son una mezcla entre filósofo, científico y matemático: Descartes, Newton, Leibniz... Sin embargo, el interés por la autonomía de la razón acaba produciendo no sólo una ruptura con la religión, sino incluso una escisión de la filosofía, apareciendo numerosas nuevas ciencias (ciencias modernas). Las dos principales corrientes filosóficas de la Modernidad, Racionalismo (representado por Descartes, Spinoza y Leibniz entre otros), y el Empirismo (representado por J. Locke y D. Hume entre otros), compartiendo intereses similares aunque proponiendo soluciones diferentes, acaban definiendo gran parte del mundo occidental actual y su mentalidad cientifico-tecnológica.

La Paz de Westfalia – Firma del Tratado de Münster

El "Discurso del Método"

El "Discurso del método" fue escrito como introducción a tres pequeños tratados científicos: "Dióptrica", "Meteoros" y "Geometría". Se publicó en 1637 en francés y de forma anónima. Esto muestra el interés de Descartes por universalizar el conocimiento y prevenirlo de teorías dogmáticas o academicistas. Tiene una finalidad divulgativo: Descartes quiere exponer el método con el que él ha resuelto una serie de problemas científicos de su época con aparente facilidad. Por eso la obra es resumida, se expresa en francés, evita tecnicismos filosóficos, usa metáforas y utiliza la primera persona autobiográficamente.


Los fragmentos escogidos para la Selectividad corresponden con la Segunda y la Cuarta Parte. En la obra, Descartes señala algo que aparece tanto en otras obras suyas como en la de diversos pensadores de la época: el camino de la filosofía y del conocimiento, no sólo no termina de avanzar, sino que a veces retrocede. Descartes usa la metáfora de las viejas ciudades que se encuentran ruinosas, tambaleantes o que sufren desplomes, concluyendo que es mejor derribar todos los edificios sospechosos y comenzar desde cero con unos buenos cimientos. Recordemos que numerosas teorías tradicionales (sobre todo platónicas y aristotélicas) estaban comenzando a mostrarse erróneas y a ser rechazadas por una nueva mentalidad. Eso, lejos de ser percibido como un problema, es, para Descartes, la muestra del camino a seguir. Así la obra supone tanto un descubrimiento del propio método a seguir como su aplicación para obtener las primeras verdades indubitables que se usarán como cimientos de la ciencia.

Centrándonos en la Segunda Parte, Descartes describe su determinación por encontrar un conocimiento fiable y definitivo, aunque sea avanzando despacio y desde cero (como un hombre que camina sólo y en la oscuridad). Entonces se propone rechazar todo conocimiento previo y dudar de todo lo no evidente. Comenta que, al haber estudiado tanto la Lógica como las Matemáticas, considera que ambas sólo sirven como medio de demostración de cuestiones ya conocidas, pero no como evidentes en sí mismas. También observa que estas ciencias disponen de tantas normas y conceptos que no facilitan el camino sino que lo complican. Así que busca un método simple, con sólo el menor número de reglas posibles. De ahí sus cuatro reglas del método: duda metódica, análisis, síntesis y revisión.

La Cuarta Parte señala algunas de sus "meditaciones metafísicas" con las que había encontrado la primera verdad y así descifrado el método completo. Comienza por dudar de todo, incluso lo más evidente o aquello de lo que otros no dudarían: los sentidos, los razonamientos matemáticos y los sueños. Entonces descubre una verdad innegable, "pienso luego soy".

A continuación deduce que existe una primera sustancia, la mente, la sustancia pensante. (que es la que piensa). Vuelviendo al "pienso, ...." observa que es algo muy evidente por la claridad y distinción, así que ese será su criterio de verdad en el futuro. Pero, al continuar meditando, deduce que debe haber alguna conexión entre el pensamiento y la verdad, así que deduce que hay un ser superior encargado de dar coherencia al pensamiento y conectarlo con lo pensado. Esa es la segunda sustancia o Dios. Y esto lleva a conectar con la tercera, el mundo material, garantizado por Dios. Expresa un concepto de mundo muy matemático y geométrico. Para apoyar más su deducción, incluso menciona varias demostraciones de la existencia de Dios, como por la necesidad de un ser perfecto que induzca en nosotros el concepto de perfección.

Principia Philosophiae, 1685

La duda metódica.

En primer lugar hemos de decir que Descartes no es un escéptico (que creería que nunca conseguiríamos una verdad definitiva). En cambio, su duda es el inicio de un método, es la propuesta de la necesidad de investigación, después de la cual espera encontrar una primera verdad (que, sea cuál sea, contendría el criterio de verdad). Naturalmente no se propone dudar de cada una de las ideas, algo imposible, sino que cuestiona cada uno de los fundamentos de estas ideas.

Para Descartes solamente podremos llegar a la primera verdad cuando se llegue a una realidad de la que no podamos dudar, algo de lo que tengamos absoluta certeza. Todo este proceso de duda se presenta más completo en otra obra, en las Meditaciones Metafísicas:

- Descartes comienza dudando de los sentidos, por un hecho patente: éstos me engañan alguna vez, luego he de pensar que pueden engañarme siempre.

- Cuando sueño siento la existencia de las cosas igual que en la vigilia y, sin embargo, no existen. La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia presta la posibilidad de dudar también de la existencia de las cosas. Sin embargo es cierto que, aún fuera del estado de vigilia, hay verdades que prevalecen, las matemáticas: “Pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados”.

- Descartes introduce un nuevo motivo de duda: la hipótesis de que puede que Dios haya puesto en mi mente estas ideas con la intención de engañarme. Pero existiría una posible objeción a esta hipótesis: podría repugnar a la voluntad divina el querer engañarme. Para evitar equívocos con la fe, Descartes sustituye la denominación de Dios engañador por un "genio maligno", un ser todopoderoso que tiene la voluntad de engañarme en todo lo que pienso. Con esta hipótesis ahora parece que no puedo tener nada por cierto sin correr el riesgo de ser engañado; incluso con las verdades matemáticas puede ocurrir que “haya querido que me engañe cuantas veces sumo dos más tres, o cuando enumero los lados de un cuadrado”.


Llegado a este punto, en las Meditaciones Metafísicas, Descartes aplica la duda a la propia duda. Y es entonces cuando encuentra un elemento que prevalece a la duda. Si dudo que dudo, es indudable que sigo dudando. El hecho de dudar, aunque me esté engañando, siempre puedo tener la certeza de que estoy dudando. Y dudar o engañarse implica necesariamente que estoy pensando; y si estoy pensando es indudable que estoy existiendo. Por tanto estamos ante la primera verdad indubitable, la de mi propia existencia como verdad pensante, a partir de la cual va a construir todo el conocimiento:

“Pienso, luego existo” (“Cogito, ergo sum”)

Según él, “cuando alguien dice pienso, luego existo, no infiere su existencia del pensamiento como si fuese la conclusión de un silogismo, sino como algo notorio por sí mismo, contemplado por simple inspección de espíritu.” Conviene resaltar como aquí Descartes señala que la idea de existencia es verdadera porque se le manifiesta al espíritu “como algo notorio por sí mismo”. Este va a ser, como veremos en el siguiente apartado, el criterio de verdad defendido por Descartes.

El Criterio de Verdad: la evidencia (claridad y distinción)


En el Discurso del Método Descartes establece su criterio de verdad. Una vez establecida una verdad indubitable, el “cogito...”, analizándola vemos que hay algo que la hace indudable. Se presenta a nuestro entendimiento con una fuerza que la hace evidente. En esto precisamente consiste intuir, en percibir conexiones necesarias, evidentes. Para poder intuir conexiones necesarias entre ideas, es preciso que éstas sean simples, pues sólo la relación entre ideas simples puede ser también simple. Y sólo de lo simple hay verdadera intuición. El resto del conocimiento es deducción.

Por tanto, se tiene certeza de toda verdad que se obtenga por medio de una intuición clara y distinta.

Precisemos las nociones de claro y distinto para Descartes:

- Una idea clara es aquella que se presenta de forma manifiesta a un espíritu atento, fácil e intuitivamente.

- Una idea distinta es aquella tan precisa y diferente a todas la demás que sólo comprende lo que manifiestamente aparece al que la considera como es debido, sin mezclarse con otras ideas). O sea, una idea individual, atómica, no compleja.

Los tipos de ideas.

Descartes introduce una modificación fundamental en la forma de entender el conocimiento. Durante la Antigüedad y la Edad Media, se creía que el pensamiento piensa cosas (las aprehende directamente). Sin embargo, en la Modernidad esta relación se hace más indirecta, pues se considera que el pensamiento piensa ideas, que a su vez versan sobre las cosas. Por ello las ideas se convierten en un elemento fundamental.


Nos encontramos con que Descartes realiza la siguiente división de las ideas:

Según su complejidad:

  1. - Simples: claras y distintas
  2. - Compuestas: deducción a partir de varias ideas simples.

Según su origen:

  1. - Adventicias: provienen del exterior
  2. - Facticias: provienen como resultado de otras ideas
  3. - Innatas: pertenecen propiamente a la mente humana.


Para Descartes las ideas constituyen los elementos básicos del conocimiento: no conocemos sino ideas. Y al considerarlas como dotadas de realidad, puede plantearse la cuestión de la causa de tal realidad, planteamiento que permitirá, como veremos resolver la cuestión de la existencia de Dios.

Los empiristas también conceden una importancia central a las ideas, pero descartan todas aquellas que no tengan su origen en la experiencia (descartando especialmente las ideas innatas).

Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825-1898).

Las Reglas para la dirección de la razón.

(Reglas del método)

Recordemos que Descartes es Racionalista, así que propone un método basado en la razón, la lógica y el pensamiento. Las reglas del método cartesiano son expuestas en el "Discurso del Método" y en las “Regulae...”. El primero expresa la necesidad de precaución (la duda), de decir, partir de intuiciones claras y distintas para efectuar las posteriores deducciones, para garantizar así la fiabilidad del conocimiento. El segundo sería dividir todas las ideas en las más simples posibles, mediante el análisis. El tercer precepto es proceder ordenadamente, un orden desde lo simple a lo compuesto en un proceso de síntesis; y el cuarto es la revisión reiterativa de todo el proceso.

La novedad de Descartes y su época está en la enfatización del método matemático. Podríamos decir que la ciencia, al estilo cartesiano, teorizada, despegada de la percepción física, se propone matematizar el mundo. Descatres habla de una Mathesis Universalis, una ciencia universal y única, que aglutinara todo el conocimiento de la humanidad.

La teoría de las tres sustancias (Metafísica)

En el Discuso del Método se menciona someramente la teoría de las sustancias de Descartes. Es la misma definición de sustancia que otros racionalistas: la sustancia es aquello que existe por sí mismo y no necesita de otra realidad para existir. En el texto, él encuentra tres tipos de sustancias:

  • Sustancia pensante -> Res Cogitans : YO
  • Sustancia infinita -> Res Infinita : DIOS
  • Sustancia extensa -> Res Extensa : CUERPO


A.- Sustancia Pensante: mente

El mecanismo de demostración de la sustancia pensante, res cogitans, lo hemos visto ya con el análisis del "cogito...". Éste nos llevaba a firmar la existencia de un yo pensante, aún desprovisto de cuerpo o sentidos.


B.- Sustancia Infinita (Dios)

Descartes recurre a Dios como garantía de verdad, puesto que hasta ahora su filosofía se había quedado atascada en la idea del cogito, sin posibilidad de avance. Lo va a usar precisamente para conectar el pensamiento con el mundo. Descartes utiliza dos pruebas para demostrar la existencia de Dios:

- Prueba de la casualidad. Todos tenemos en nuestra mente la idea de infinito, o Dios, que para él es innata. Esta idea no la puede haber generado el propio hombre puesto que es un ser finito, imperfecto. Por tanto, debe existir una causa que sea proporcional a la naturaleza de la idea: Dios.

- Argumento ontológico. Realizada ya anteriormente por S. Anselmo, es retomada por Descartes en su 5ª Meditación Metafísica. La idea de Dios es la de un ser perfecto, es decir, de un ser mayor del cual no puede ser concebido otro. La existencia es una cualidad de la perfección; por tanto, si Dios es perfecto tiene que existir.

Con estas demostraciones se elimina la hipótesis del genio maligno: Dios no podría engañar al hombre, puesto que el engaño, el error, son un defecto, un no-ser, que no pueden ser el resultado de la acción de un ser Omnipotente. Por tanto, si Dios va a ser garantía de verdad, toda idea matemática, clara, simple, innata o evidente es verdadera.


C. Sustancia extensa: mundo material

La demostración de la existencia de la res extensa es más difícil porque la información de éstas nos proviene de los sentidos y ya vimos como Descartes destaca en éstos su facultad de engañar. Por otro lado, el pensamiento se percibe independiente de la materia, pero las ideas versan sobre cosas, como las sensaciones que, si son independientes del pensamiento, deben darse en otra cosa, un soporte material. Y para garantizar que su claridad y distinción implican su veracidad, tenemos a Dios.

Materialismo y Mecanicismo.

Hemos visto cómo Descartes pasa del pensamiento a la materia; esta identificación lo lleva al materialismo. Toda la realidad es cuantificlable, medible, incluso el ser humano. Por ello Descartes tiene un concepto del mundo como un gran mecanismo, constiruido por piezas que encajan unas sobre otras (eliminando la posibilidad del vacío y de las fuerzas a distancia), donde todo tiene su orden, su mecánica. Y el relojero de este mecanismo es Dios, que lo ha dotado de un funcionamiento básico que Descartes cree haber descubierto.

Son sus leyes de la naturaleza (antecedentes de la Física moderna, desarrollada por Newton):

Todo objeto tiende a permanecer en su estado, bien de movimiento, bien de reposo.

Todo objeto que se mueve tiende a hacerlo en línea recta (la tangente).

El movimiento en el mundo es constante, ni se genera ni se destruye.

Antropología: La teoría del alma.


Descartes también aplica el materialismo al ser humano. Descartes aúna la visión tradicional de la unión mente/cuerpo con sus propias teorías. Para defender el estudio materialista del cuerpo y el gobierno del alma, defiende que esta se encuentra unida unida al cuerpo en un punto físico de éste (la glándula pineal). De esta forma el cuerpo se gobierna de un modo mecánico, transmitiendo fuerzas.

Las funciones corporales (a falta del descubrimiento histórico de la circulación de la sangre, de la transmisión neuronal, etc), Descartes las asocia con una especie de "espíritus animados" (o animales) que recorren el organismo.

Comparación con autores contemporáneos

Comparación entre Ortega y Descartes.

A continuación vamos a realizar la comparación de las ideas de Descartes con las del pensador español del siglo XX, Ortega y Gasset. Partimos de que ambos son muy diferentes en tanto que, mientras que Descartes es Racionalista, Ortega propone el Raciovitalismo o el Perspectivismo.

En la época de Descartes, y él es un claro ejemplo de ello, se cree que el pensamiento piensa ideas. Centrándos en éstas, Descartes acepta que existen ideas innatas, cuya fuente es anterior a la experiencia o el aprendizaje del sujeto. De hecho, esa fuente en Descartes es Dios, quien garantiza que sean ideas infalibles. Ortega, en cambio, no acepta el innatismo, sino que todas las ideas o bien son construcciones del sujeto o bien son recibidas de la generación anterior (aprendidas). Además esto llevaría a Ortega a negar la evidencia que para Descartes tienen las sustancias. este concepto no sería más que una palabra inventada, no una realidad ontológica. Recordemos que desde finales del XIX todos los pensadores rechazan la mayor parte de los concepto metafísicos u ontológicos, y así hace Ortega.

No sólo el concepto de sustancia no existe en Ortega, sino que no acepta un conocimiento puramente intelectual y separado de la realidad vital. La realidad es tal y como aparece ante el individuo, no existe una realidad única y oculta a los sentidos. El conocimiento según Descartes puede ser intelectual o sensible o basado en la imaginación. En este caso, el filósofo madrileño tampoco puede aceptar esta noción de conocimiento matemático y lógico. Porque el conocimiento no es independiente de las experiencias en las que se circunscribe el sujeto.

Aquí vemos otra clara diferencia. Mientras que la antropología de Descartes separa radicalmente alma o pensamiento y cuerpo (dualismo), Ortega no entiende un concepto del ser humano con mente y cuerpo separados. Somos un ser con una realidad vital, eso sí, con múltiples perspectivas. Esto lleva a Ortega a una conclusión totalmente opuesta a Descartes en el plano de cómo accedemos a la verdad, rechazando el ideal cartesiano de verdad pura, universal e inmutable. Para Ortega la verdad es vital, circunstancial y personal.

Por último podemos señalar un punto de contacto entre ambos autores, en tanto que Ortega no pretende anular totalmente el Racionalismo, sino superarlo con la recuperación del aspecto realmente primario, la vida misma. De ahí que su filosofía se denomine raciovitalista.

Comparación entre Descartes y Nietzsche

Podríamos comparar a Descartes con F. Nietzsche, comenzando por establecer que el autor decimonónico es muy crítico con la tradición filosófica y especialmente con los pensadores racionalistas. En las obras de Nietzsche se pueden encontrar numerosas críticas directas a la filosofía cartesiana. En primer lugar, podemos reflejar el rechazo del genial filósofo alemán a la obsesión de Descartes por el uso estricto de la razón. Para Nietzsche esto es imposible, la razón no es superior al cuerpo, a la vida o a la materia. No podemos preferir la pretendida objetividad de la mente al mundo práctico e inmediato de la experiencia sensorial o emotiva. El ideal antropológico cartesiano (de científico o matemático), es rechazado por Nietzsche que propone un "superhombre" al estilo del artista o el genio.

Además Nietzsche rechaza el concepto mismo de razón, en tanto que no es "pura" o independiente del cuerpo. Por ello, tampoco puede aceptar la idea simplista de "verdad racional". La verdad para Nietzsche es un constructo del individuo, no un a priori externo como cree Descartes. Incluso el ideal moderno cartesiano de progreso, es rechazado por Nietzsche, quien propone un concepto circular de existencia, el eterno retorno, que no rechaza las contradicciones de la vida, sino que las supera.

Por otro lado, mientras que Descartes deduce la existencia de sustancias independientes (pensamiento, materia y Dios), para Nietzsche esto no es más que un ejemplo de dogmatismo y de gusto por la "cosificación" de los conceptos. En especial, Nietzsche será muy crítico con el papel que ha jugado Dios en la historia, que ha sido el de garante, no de la verdad, sino de un engaño para dominar al ser humano. No sólo rechaza el uso de Dios en un razonamiento, sino que lo considera un ejemplo claro de la sumisión en la que ha caído el pensamiento occidental

También podríamos explicar la crítica de Nietzsche al concepto de Dios, dado que para él, Descartes es uno de los que ha ayudado a “matar a Dios”, al convertirlo en un concepto vacío, matemático.

Valoración de la actualidad.


Valorar la importancia de Descartes para el mundo occidental en profundidad sería inconmensurable, así que nos vamos a centrar, a modo de ejemplo, en tres ámbitos en los que observamos su actualidad. En primer lugar, podemos ver su enorme importancia en el campo de la filosofía y del pensamiento. Su filosofía sirvió de base para la mentalidad moderna y planteó cuestiones que aún hoy sirven de estudio: la relación entre pensamiento y materia, la comprensión del orden en el universo, el sentido de la búsqueda de conocimiento, etc.

En segundo lugar, podemos señalar la importancia de Descartes para la cultura occidental. Su visión del mundo y del conocimiento inspiran, aún hoy, la forma de entender la realidad que tenemos en el mundo occidental. Los grandes ideales cartesianos siguen vigentes hoy día, como la confianza en la razón, el ideal de progreso, la importancia de la educación, su universalización, etc.


En tercer lugar podemos encontrar la enorme importancia que Descartes ha tenido para el desarrollo posterior de la ciencia occidental. Ésta ha seguido el camino abierto por Descartes de matematización, precisión y objetividad. El cartesianismo matemático y científico supuso un gran modelo y una base conceptual de sobre la que se ha desarrollado la "explosión" científica desde entonces. El mundo hiper tecnológico actual debe mucho al cartesianismo y, hasta cierto punto, continúa avanzando sobre estos mismo principios.